All podcasts
Del producto al cielo. cover

Del producto al cielo.

La trampa del sistema La trampa de las palabras: información y aprender Bienvenido. Hoy quiero hablarte de dos palabras que usamos todos los días, dos palabras tan comunes que nunca nos detenemos a preguntarnos qué significan de verdad. Información. Aprender. Suenan inofensivas, ¿verdad? Suenan a escuela, a conocimiento, a progreso. Pero yo creo, y te invito a que lo pienses conmigo, que estas dos palabras esconden una trampa. Una trampa que nos mantiene dormidos sin que nos demos cuenta. No te voy a dar más información. De hecho, hoy vamos a hacer algo raro: vamos a soltar un poco de la que ya tienes. Porque quizás, solo quizás, el problema no es que te falte información. El problema es que te sobra identificación con ella. ¿Te quedas un rato? Vamos despacio. Empiezo por la primera palabra: información. Todos sabemos más o menos lo que significa, ¿verdad? Datos. Noticias. Contenido. Lo que recibes cuando abres el teléfono, cuando ves las noticias, cuando haces un curso. Información es eso que se supone que te hace más sabio, más preparado, más libre. Pero la palabra tiene una historia. Viene del latín informare. ¿Y qué significa informare? Significa una sola cosa: dar forma. Sí, así como un alfarero le da forma al barro con sus manos, o un escultor le da forma a la piedra con su cincel, o un herrero le da forma al metal con su martillo. Informare es moldear, modelar, configurar. Y aquí viene la pregunta incómoda: si información es dar forma, ¿quién te está dando forma a ti? Cada vez que consumes una noticia, un vídeo, un anuncio, un mensaje, alguien está moldeando tu mente, tus deseos, tus miedos, tus opiniones, tu identidad. Y no te das cuenta, porque la forma más efectiva de moldear a alguien es hacerle creer que está pensando por sí mismo. Nadie te dice "vas a pensar esto", pero te crean un entorno donde todo el mundo piensa esto, y tú, por imitación, por repetición, por deseo de pertenecer, terminas pensándolo, y entonces crees que es tu idea. La gran mentira de nuestra época es que eres libre, que eliges, que decides. Pero si alguien diseñó las opciones entre las que eliges, si alguien moldeó tus criterios para decidir, ¿eres realmente libre? Un pez no sabe que está en el agua hasta que lo sacan de ella. Nosotros no sabemos que nos están dando forma constantemente porque es el único entorno que hemos conocido. El agua del pez es la información, y nosotros, peces dormidos, nadamos felices sin preguntarnos quién puso el agua ahí, con qué químicos, y hacia dónde nos lleva la corriente. Vamos ahora con la segunda palabra: aprender. También viene del latín, de apprehendere. Y apprehendere significa agarrar, asir, atrapar. Aprender no es solo recibir información, es aferrarse a ella. Por eso cuando aprendemos algo, lo defendemos, nos identificamos con ello. Decimos "yo sé esto", "mi título", "mi opinión", "mi carrera". Nos agarramos al conocimiento como un náufrago a un tablón. ¿Te has fijado que en español tenemos una palabra que conserva ese sentido original? "Aprehender", con hache, que significa capturar, atrapar a un delincuente. Aprender y aprehender son primas hermanas. Una atrapa criminales, la otra atrapa ideas, y ambas te dejan agarrado. Y aquí está la trampa doble, la trampa perfecta. Primero, el sistema te da forma con la información, te moldea, te configura. Luego, el mismo sistema te enseña a aferrarte a esa forma, te enseña a defender tus títulos, a sentir orgullo por tus conocimientos, a identificar tu identidad con lo que sabes. Primero informare: te dan forma. Luego apprehendere: te enseñan a agarrarte a esa forma. Y al final del proceso, sin que te des ni cuenta, te has convertido en un producto. Un producto bien moldeado que defiende su molde como si fuera su alma. Defiendes tus títulos como si fueran tu vida, defiendes tus opiniones como si fueran tu identidad, y nunca te preguntas: ¿quién soy yo sin todo esto? Entonces, ¿qué hacemos? ¿Dejamos de aprender? ¿Nos volvemos ignorantes? No. Por supuesto que no. No se trata de no aprender. Se trata de desaprender el agarre. Se trata de soltar la mano cerrada y abrirla. El conocimiento puede ser una herramienta maravillosa, pero cuando te identificas con él, cuando lo defiendes como si fuera tu vida, entonces la herramienta se convierte en jaula. El cuchillo es útil en la cocina, pero si te lo clavas en el pecho, te mata. El conocimiento es así: no es malo, el problema es el agarre. Quiero proponerte tres pasos sencillos. No son fáciles, pero son sencillos. Si los haces con constancia y con calma, vas a notar que algo empieza a soltarse dentro de ti. El primer paso es desconectar por decisión. Elige una hora al día. Una hora. Apaga el teléfono, la tele, la radio, los audífonos. Quédate en silencio. No lo hagas para ser más productivo, no lo hagas para optimizar tu tiempo. Hazlo para estar presente, para recordar que existes aunque no estés consumiendo nada. Al principio te va a dar ansiedad, es normal, es el síndrome de abstinencia del dormido. Pero si persistes, si le das al silencio la oportunidad de mostrarse, descubrirás una paz que no depende de nada externo. El segundo paso es preguntarte antes de cada noticia. Cada vez que te llegue una información impactante, algo que te indigna, que te da miedo, que te enfurece, para, respira, y pregúntate en voz baja: ¿quién se beneficia de que yo piense o sienta esto? No siempre habrá una conspiración, pero muchas veces descubrirás que alguien está sacando provecho de tu indignación, de tu miedo, de tu rabia. Esa pregunta es como una espada que corta el hechizo. El tercer paso es cultivar el vacío. Cinco minutos al día. Siéntate en una silla, en el suelo, en tu cama. No pongas música, no recites mantras, no uses aplicaciones de meditación si no quieres. Simplemente, siéntate. Respira. Deja que los pensamientos vengan y se vayan como nubes en el cielo. No los persigas, no los juzgues, no te enganches. Solo quédate con el espacio que queda entre pensamiento y pensamiento. Ese espacio vacío no es nada, y en esa nada, por primera vez, vas a sentir que no eres un producto. Eres el cielo. Las nubes pasan, tú te quedas. Te voy a dejar con una pregunta. No la contestes rápido, llévatela a casa, déjala que habite en ti durante días, semanas, tal vez años. Si hoy perdieras toda tu información, todos tus títulos, todos tus logros, todos tus recuerdos, todas tus posesiones, ¿quedaría algo tuyo que valga la pena? Si la respuesta es sí, enhorabuena, ya empezaste a despertar. Cuida ese cielo, no lo vuelvas a tapar. Si la respuesta es no, no te preocupes, no te culpes, no te desesperes. Aún estás a tiempo. El manotazo puede darse ahora mismo, mientras escuchas estas palabras. Porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil, y esa lucha es digna de perdón. No se trata de vencerla con fuerza de voluntad, se trata de reconocerla y, poco a poco, ir soltando. Un título a la vez, una opinión a la vez, una nube a la vez. Hasta que un día, quizás sin que lo esperes, mires hacia arriba y veas que el cielo siempre estuvo ahí. Vacío, brillante, sin forma, sin nombre, sin currículum. Y que ese cielo eres tú. Comparte este episodio si crees que alguien más necesita oírlo. No para convencer a nadie, solo para recordar. Que el cielo te acompañe. Hasta pronto.

informativeby Norges Skeen·0 episodes·RSS

Episodes

No published episodes yet